Escrito por Administrator    Martes, 19 de Mayo de 2009 14:14    PDF Imprimir E-mail
Recupere todo lo perdido
Recuperando con la Ayuda de Dios

Puede que usted haya sufrido un pérdida tremenda, pero en Dios hay recuperación.

Cuando la batalla estuvo terminada y la victoria asegurada, David y sus hombres por fin pudieron relajarse. Cuando miraron el campo de batalla, vieron el botín que los amalecitas se habían traído de Siclag. Sus rebaños y manadas, su plata y su oro, todas sus pertenencias estaban ahí. Entonces, desde sus escondites, vinieron corriendo las mujeres y los niños. Cuando los hombres envainaron sus espadas, algunos niños y niñas saltaron a sus brazos gritando “¡Papito!”. Maridos y mujeres se fundieron en un abrazo entre lágrimas y alegría. ¡Debe haber sido un momento increíble de júbilo indescriptible! Y fue un cumplimiento profético. Treinta y seis horas antes, David se había atrevido a pronunciar estas palabras aparentemente imposibles: “Recuperaremos todo”. Ahora la audaz profecía se había cumplido. Habían recuperado todo.

El efecto de la Caída, la realidad del pecado, los planes de Satanás y sucesos inesperados en tiempo y oportunidad, aparentemente pueden robarle el significado y el gozo de su vida, pero en Cristo hay una manera de recuperar todo. La vida puede dar algunos golpes muy crueles. He estado en habitaciones de hospitales y junto a tumbas con quienes parecían haber perdido todo cuanto daba significado a su existencia. He orado con quienes perdieron casas y empresas. He sentido la angustia de hombres que han perdido sus trabajos y sienten que también han perdido su dignidad. He presenciado el dolor de la pérdida en padres que han visto a sus hijos abandonar la fe. He sentido en mi propia vida el dolor de la pérdida que viene de la traición y la decepción profunda. Pero también he llegado a creer que hay una manera que podría parecer increíble de recuperarse de la pérdida y el dolor que usted ha sufrido. Usted puede recuperarse de esa experiencia devastadora. Usted puede recuperar su alegría. Usted puede recuperarse de un fracaso financiero. Usted puede recuperar su dignidad. Usted puede recuperar su destino. Usted puede recuperarse hasta el punto de volver a disfrutar de una vida significativa y satisfactoria. Sí, usted puede haber sufrido una pérdida tremenda, pero en Dios hay recuperación.

No deje que su tragedia personal o su fracaso definan su identidad. Fracaso y pérdida son sucesos, pero no tienen que convertirse en una identidad. Su identidad está definida en Cristo. Por la fe, usted es unido con el triunfo de Cristo: su triunfo sobre el pecado, Satanás, la muerte, el infierno y la tumba. Usted puede haber sido lastimado, pero no está irrevocablemente roto. Usted puede haber sido victimizado, pero no es una víctima para siempre. Usted puede haber sufrido, pero no es un perdedor. Usted puede haber fallado, pero no es un fracaso. ¿Quién es usted? Usted es un vencedor en Cristo. Los vencedores recuperan. Pueden caer, pero se vuelven a levantar. Pueden perder una batalla, pero ganarán la guerra. Pueden sufrir pérdidas, pero se recuperarán.

El plan de Dios es recuperarlo todo

En su esencia, la historia de David en Siclag es una historia de restauración. Y en su esencia, la historia del evangelio es una historia de restauración. ¿Alguna vez usted se ha preguntado para qué es la salvación? No qué es la salvación, sino ¿para qué es la salvación? La salvación es para la restauración de todas las cosas a la perfección original de Dios. La salvación es la historia de cómo Dios recupera lo perdido.

Dios creó un mundo bueno. Pero este mundo bueno se perdió en el pecado, en Satanás, en la corrupción y la muerte. El relato de la Biblia narra cómo Dios está en el proceso de recuperar todo lo que se ha perdido en la catástrofe del pecado. Éste es el panorama global del relato de la Biblia. Dios mismo sabe lo que es sufrir una pérdida. Y Dios también sabe cómo recuperarlo todo.

La historia que narra la Biblia no comienza con “Había una vez”, porque la historia de la Biblia comienza antes que el tiempo. En cambio leemos: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Cuando progresa la historia de la creación, se nos dice repetidamente que a lo que Dios creó, lo llamó bueno. Al completar la creación, se nos dice que Dios declaró que todo era bueno en gran manera. Al crear el universo físico y la sociedad humana, Dios se propuso que la creación pudiera experimentar la perfección divina. Pero la historia iba a tomar un giro trágico.

Encuentro interesante que en los dos primeros capítulos de Génesis, las únicas puntuaciones necesarias fueran los puntos, las comas y algún signo de admiración (¡muy bueno!). Pero en el capítulo tres de Génesis, una serpiente se arrastra por el huerto siseando sus preguntas, y los retorcidos signos de interrogación hacen su primera aparición. ¿Alguna vez ha notado que el signo de interrogación se parece bastante a una serpiente? La serpiente enroscada empezó a hacer sus preguntas retorcidas con la insidiosa intención de insinuar que Dios quizás no fuera tan bueno como se había revelado. Y usted sabe cómo sigue la historia. A lo que ocurrió después comúnmente lo llamamos La caída. Y qué terrible fue la caída: una caída que daría a la raza humana su legado de pecado, aflicción, guerra, injusticia, dolor, opresión y pérdida al parecer interminable. El fin de esta historia sería más triste que cualquier tragedia griega.

Pero ése no es el final de la historia. Aun antes de que dejemos el tercer capítulo de Génesis, Dios da una profecía cifrada acerca de recuperarlo todo: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

Dios no desconocía el horror y la aflicción que encontró David cuando regresó a un Siclag arruinado. Dios no desconoce la aflicción que usted ha encontrado en sus propios devastadores momentos de pérdida. Él no desconoce lo que es perder. Piénselo. Dios entró al huerto de Edén buscando el compañerismo de las criaturas creadas a su imagen, y encontró su creación en llamas, su mundo robado, y sus hijos e hijas llevados cautivos. ¿Lloró Dios? Tal vez. Pero lo que ciertamente Dios hizo fue poner en movimiento cuanto fuera necesario para al final recuperarlo todo.

Subyaciendo a todas las familiares historias de la Biblia —el arca de Noé, el viaje de Abraham, el éxodo de Moisés, el reino de David, los milagros de Elías, los sueños de Daniel— está la historia de la determinación de Dios de recuperarlo todo. Por medio de la cruz, Dios recuperó todo, para sí mismo, para la humanidad, para la creación. Dios restaurará todas las cosas a través de la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo. Éste es el gran misterio de la cruz. Lo que parece ser una maldición se convierte en una bendición; lo que parece ser la muerte se convierte en vida eterna; lo que parece ser vergüenza se convierte en gloria; lo que parece ser derrota se convierte en victoria; lo que parece ser pérdida se convierte en la restauración de todas las cosas.

El apóstol Pablo consideró la cruz a la luz de la resurrección y vio lo que nadie podría haber previsto: a través de la muerte, la sepultura y la resurrección de su Hijo, Jesús, Dios nuestro Padre pudo reconciliar consigo todas las cosas incluyendo las que estaban en el cielo y en la tierra.

Durante los tres años del ministerio de Jesús, Pedro pareció destacarse en malinterpretar cómo cumpliría Él su misión. Con regularidad parecía pensar que Jesús restituiría la gloria de Israel por los medios convencionales, y es famoso su intento de reprender a Jesús por hablar de que sería crucificado. Pero después de la resurrección y ascensión de Jesús y el derramamiento del Espíritu Santo, ¡Pedro al fin llegó a comprender que, a través de Cristo, Dios estaba restaurando toda la creación, no solamente la nación de Israel! Llegó a darse cuenta de que Dios lo había hecho por el más improbable de los medios: la muerte del Mesías en una cruz.

Unas pocas semanas después de la resurrección, Pedro y Juan sanaron a un mendigo lisiado en la entrada del Templo por la autoridad del nombre de Jesús. Luego Pedro se dirigió a una multitud en el pórtico de Salomón, explicándole cómo Dios está restaurando todas las cosas por medio de un Mesías crucificado. Les recordó las esperanzadoras profecías de un Mesías venidero, y anunció audazmente que Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Instó a todos los que estaban escuchando: Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.

Adán y Eva hicieron una elección desastrosa en el huerto. Escucharon la voz del engañador, la serpiente, y decidieron que podían definir lo bueno y lo malo por sí mismos, apartados de Dios. Esa elección provocó la catástrofe universal: la introducción del pecado y muerte en la buena creación de Dios. Pero Dios no iba a renunciar a su buena creación; estaba decidido a recuperarlo todo. Y a través de la misteriosa victoria de la cruz, Dios está logrando lo que el apóstol Pedro llama la restauración de todas cosas. ¡La recuperación de todas las cosas! ¿Para qué es la salvación? La salvación es para la restauración de todas las cosas a la perfección original de Dios.

Por su fe en Cristo Jesús, usted está unido al colosal proyecto de restauración de Dios. Por su fe en la cruz de Cristo, el poder restaurador de la redención circula en su vida. Por su fe en la muerte, la sepultura y resurrección del hijo de Dios, usted está conectado a través de la gracia de Dios para recuperarlo todo. En un mundo de pérdida y decepción, la fe que cree que un carpintero de Nazaret crucificado es el resucitado Hijo de Dios le permitirá a usted vencer el mundo de pérdida y decepción y lo traerá a un punto donde realmente pueda decir que lo ha recuperado todo.

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo.” Es nuestra fe en Jesucristo y su obra en el Calvario lo que nos hace vencedores. Si creemos que Él es el Hijo de Dios, podemos vencer.

Usted puede haber sido noqueado por lo que le parece el peor día de su vida. Una versión siglo veintiuno del ataque de los amalecitas puede haber arruinado sus sueños y esperanzas. Podría ser un trabajo perdido, un negocio fracasado, la ejecución de una hipoteca, una quiebra, una traición, un divorcio, un hijo desobediente, o aun la muerte de un hijo. Ésa es la clase de pérdidas de las que puede parecer imposible recuperarse. Pero hay recuperación. Hay una gracia que fluye de la cruz para reanimar su vida. ¿Se atreve a hablar palabras de fe extravagantes? Ante una amarga pérdida, ¿puede decir: Me recuperaré? ¿Se atreverá a decir: Recuperaré todo?

No necesita saber cómo ocurrirá. No necesita saber cuándo ocurrirá. No tiene que parecerle verdadero. No tiene que tener sentido para usted. Es la absurda naturaleza de la fe creer en lo que parece ser imposible. Me gusta lo que dijo Tertuliano, el padre de la iglesia primitiva: Creo porque es absurdo. Usted no tiene que justificar su fe por la razón. La fe no necesita ninguna otra justificación que la resurrección de Jesús. La resurrección del Hijo de Dios es la piedra angular de cada esperanza de recuperación. Es una piedra probada, una piedra angular y preciosa para un cimiento firme.

Usted tiene derecho a decir: Creo que recuperaré todo porque Dios trajo a su Hijo de regreso a la vida. ¿Cómo se recuperará usted de la pérdida de un trabajo, una casa, una amistad, un matrimonio, un hijo? No lo sé. Pero sí sé que la gracia de Dios puede hacer más de todo cuanto podamos pedir o pensar por la potencia de su gracia que opera en nuestra vida.
Así que ésta es mi profecía para usted en el día de su pérdida: Mantenga su fe en Jesucristo, y lo recuperará todo. No puedo predecir cómo o cuándo, pero puedo decirle que la fe encontrará una manera, y usted se recuperará. Su camino para recuperarlo todo vendrá probablemente de una manera sorprendente. Dios está lleno de tales sorpresas. Dios mantiene su fidelidad cumpliendo sus promesas, pero mantiene su soberanía con sorpresas. Así que aunque sea incongruente, le diré: ¡espere ser sorprendido! Mientras tanto deje que la promesa profética de la recuperación inunde su alma con esperanza. Y cuando Dios le traiga su sorprendente recuperación, déle a Él la gloria. Él puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros. Se merece que lo glorifiquemos “siempre”.
 
Fuente: vidacristiana.com
Actualizado ( Martes, 19 de Mayo de 2009 14:19 )
 

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